Como Pagar Tus Deudas Parte 7

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Tablilla N° 5

Brilla de nuevo la luna llena y recuerdo que ya hace mucho tiempo que grabé mi primera tablilla. Ya hace doce lunas.

Pero no por eso desatenderé el informe, ya que hoy mismo he pagado mi última deuda.

Hoy es el día que mi buena esposa y yo festejamos el triunfo que nos ha proporcionado nuestra determinación. nación.

Durante mi última visita a mis acreedores ocurrieron algunas cosas de las que me acordaré durante mucho tiempo.

Ahmar me suplicó que perdonara su feas palabras y me dijo que, entre todas, deseaba especialmente mi amistad.

Al final el viejo Alkahad no es tan malo pues me dijo: “Antes eras como un trozo de barro blando que podía ser apretado y moldeado por cualquier mano, pero ahora eres como una moneda de cobre que se puede sostener sobre su canto. Si necesitas plata u oro, ven a verme en cualquier momento”.

No es el único que me respeta, muchos otros me hablan con deferencia. Mi buena mujer me mira con aquel brillo en los ojos que hace que un hombre se sienta confiado.

Pero ha sido el plan el que me ha dado el éxito, me ha hecho capaz de devolver el dinero de mis deudas y ha hecho tintinear el oro y la plata en mi bolsa.

Lo recomiendo a los que quieran prosperar. Pues, si ha conseguido que un esclavo pagara sus deudas, ¿No ayudará a un hombre a encontrar su libertad? Y yo no lo he abandonado pues estoy convencido de que, si lo sigo, me hará un hombre rico entre los hombres.

St. Swithin’s College
Nottingham University
Newark-on-Trent
Nottingham

7 de noviembre de 1936
Sr. Profesor Franklin Caldwell
Expedición Científica Británica
Hillah, Mesopotamia
Querido profesor:

Si en el transcurso de sus próximas excavaciones en la ruinas de Babilonia encuentra el fantasma de un viejo ciudadano, un tratante de camellos llamado Dabasir, hágame un favor: dígale que aquellos galimatías que escribió en unas tablillas de barro hace ya mucho tiempo le han valido la gratitud eterna de ciertas personas de una facultad de Inglaterra.

Seguramente de acordará usted. de mi carta de hace un año en la que le decía que mi mujer y yo teníamos la intención de seguir su plan para liberarnos de nuestras deudas y, al mismo tiempo, tener algo de dinero en nuestros bolsillos.

Habrá adivinado que estas deudas nos avergonzaban desesperadamente -por mucho que las intentáramos esconder a nuestros amigos.

Desde hacía años estábamos terriblemente humillados por ciertas deudas e intranquilos hasta la enfermedad por miedo de que algún comerciante desatara un escándalo que nos habría obligado a dejar la facultad con toda seguridad.

Gastábamos cada chelín de nuestros ingresos, que era apenas suficiente para mantenernos a flote. Nos veíamos obligados a ir a comprar allí donde nos dieran crédito, sin importarnos si los precios eran más elevados.

La situación fue empeorando en un círculo vicioso que se agravó en vez de mejorar. Nuestros esfuerzos se hicieron desesperados, no podíamos mudarnos a un sitio más barato porque aún debíamos alquileres al propietario. Parecía que no podríamos hacer nada para mejorar nuestra situación.

Entonces apareció su nuevo amigo, el viejo tratante de camellos de Babilonia, con un plan capaz de realizar justo lo que nosotros deseábamos cumplir. Nos animó amablemente a seguir su sistema.

Hicimos una lista de todas las deudas que teníamos, y yo se la mostré a todos nuestros acreedores.

Les expliqué que, tal como iban las cosa, era imposible que les pagara. Ellos mismos podían constatarlo mirando los números. Entonces les dije que la única manera que yo veía de poderles pagar todo era apartando el veinte por ciento de mis ingresos mensuales, dividiéndolo equitativamente entre ellos y de este modo devolverles lo que les debía en algo más de dos años.

Durante este intervalo haríamos todas nuestras compras al contado.

Todos fueron verdaderamente correctos; nuestro tendero, un viejo razonable, aceptó esta manera de que le paguemos la deuda. “Si pagan al contado todo lo que compran y van pagando lo que deben poco a poco, es mejor que si no me pagan nada”. Pues no le habíamos pagado desde hacía tres años.

Finalmente guardé en lugar seguro una lista con sus nombres y una carta en la que, de mutuo acuerdo, les pedía que no nos importunaran mientras fuéramos desembolsando el veinte por ciento de nuestros ingresos.

Comenzamos a trazar planes para idear cómo vivir con el setenta por ciento de lo que ganábamos. Y estábamos decididos a ahorrar el diez por ciento restante para hacerlo tintinear en nuestros bolsas; la idea de la plata, y posiblemente la del oro, eran de las más seductoras.

Este cambio en nuestra vida fue toda una aventura, aprendimos a disfrutar calculando y evaluando cómo vivir cómodamente con el setenta por ciento que nos quedaba. Empezamos por el alquiler y nos arreglamos para obtener una buena reducción.

Después examinamos nuestras marcas favoritas de té y otros productos y quedamos agradablemente sorprendidos al ver que podíamos encontrar mejor calidad a más bajo precio.

Es demasiado largo para contarlo por carta pero, de todos modos, no ha resultado ser tan difícil.

Nos acomodamos a esta nueva situación con el mejor de los humores. ¡Qué alivio fue comprobar que nuestros asuntos económicos ya no se encontraban en un estado que nos hiciera sufrir por las viejas cuentas impagadas!

No obstante, no olvidaré hablarle del diez por ciento que estábamos obligados a hacer sonar en nuestras bolsas. Pues bien, sólo lo hicimos sonar durante un cierto tiempo, no demasiado.

¿Sabe? Esa es la parte divertida, es fantástico comenzar a acumular dinero que uno no quiere gastar, se siente más placer manejando una cantidad así que gastándola.

Después de haberla hecho sonar para nuestro solaz le encontramos una utilidad más provechosa: elegimos un plan de inversiones que podíamos pagar con este diez por ciento todos los meses. Esta decisión se ha manifestado como la más satisfactoria de nuestra regeneración y es la primera cosa que pagamos con mi nómina.

Saber que nuestros ahorros crecen sin cesar es un sentimiento de lo más satisfactorio. De aquí hasta que se acabe mi carrera académica, estos ahorros deberán constituir una suma suficiente para que sus rentas nos basten a partir de ese momento.

Y todo con el mismo salario:

Difícil de creer pero cierto, pagamos nuestras deudas gradualmente al mismo tiempo que nuestros ahorros aumentan. Además, ahora nos arreglamos mejor que antes en el campo económico.

¿Quién habría dicho que había tanta diferencia entre seguir un plan y dejarse llevar?

A finales del año que viene, cuando hayamos pagado todas nuestras facturas, podremos invertir más y ahorrar para poder viajar. Estamos decididos a que nuestros gastos corrientes no superen el setenta por ciento de nuestros ingresos.

Ahora puede usted entender por qué nos gustaría expresar nuestro agradecimiento personal a ese individuo cuyo plan nos ha salvado de ese infierno en la tierra. El lo conocía, había pasado por todo eso, quería que otros sacaran provecho de sus amargas experiencias. Por ello pasó fastidiosas horas grabando su mensaje en la arcilla.

Tenía un mensaje auténtico para dar a sus compañeros de sufrimientos, un mensaje tan importante que, al cabo de cinco mil años, ha salido de las ruinas de Babilonia tan vivo y verdadero como el día en que fue enterrado.

Suyo afectísimo
Alfred H. Shrewsbury
Departamento de Arqueología

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