Como Pagar Tus Deudas Parte 4

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Primero, volvería a Babilonia y daría la cara ante todos con los que había contraído deudas.

Les diría que tras años de errar y de desgracias, había vuelto para pagar mis deudas tan rápido como me lo permitieran los dioses.

Después construiría un hogar para mi mujer y me convertiría en un ciudadano del que mis padres estarían orgullosos.

Mis deudas son mis enemigos, pero los hombres que me han prestado dinero son mis amigos, pues han tenido confianza y han creído en mí.

Me tambaleaba sobre mis piernas debilitadas.

¿Qué significaba el hambre?

¿Qué significaba la sed?

Sólo eran obstáculos en el camino de Babilonia. Surgía en mí el alma de un hombre nuevo que iba a conquistar a sus enemigos y a recompensar a sus amigos.

“Voy A Pagar Mis Deudas”

Me estremecí ante la idea del gran proyecto. Los vidriosos ojos de los camellos se iluminaron de nuevo al oír mi voz ronca.

Se levantaron con gran esfuerzo, después de varios intentos. Con una conmovedora perseverancia se dirigieron hacia el Norte, donde algo me decía que encontraríamos Babilonia.

Encontramos agua, atravesamos un país fértil donde crecían la hierba y los frutales. Encontramos el camino de Babilonia porque el alma de un hombre libre mira la vida como una serie de problemas que resolver, y los resuelve, mientras que el alma de un esclavo gimotea:

¿Qué puedo hacer yo, que sólo soy un esclavo?

¿Y a ti, Tarkad? ¿El estómago vacío hace que tu mente sea más clara?

¿Ya has tomado el camino que lleva hacia el respeto a ti mismo?

¿Ves el mundo de su verdadero color?

¿Deseas pagar tus deudas justas, sean las que sean, y convertirte en un hombre respetado en Babilonia?

Las lágrimas acudieron a los ojos del joven, que se arrodilló rápidamente.
Me has mostrado el camino -dijo-; ahora sé cómo encontrar en mi interior el alma del hombre libre.

¿Pero qué pasó cuando regresaste? preguntó un oyente interesado.

“Cuando se está determinado, se encuentran los medios” -respondió Dabasir.

“Yo estaba determinado, por eso me puse en camino para encontrar los medios. Primero visité a todos los hombres con los que tenía una deuda y les supliqué que fueran indulgentes hasta que pudiera ganar el dinero con el que les pagaría.”

“La mayoría me acogieron con alegría, algunos me insultaron, pero otros me ofrecieron su ayuda. Uno de ellos me dio justamente la ayuda que necesitaba, era Maton, el prestamista de oro.”

“Al saber que había sido camellero en Siria, me envió a ver al viejo Nebatur, el tratante de camellos al que nuestro buen rey había encargado que comprara varias manadas de camellos para una gran expedición.”

“Con él puse en práctica mis conocimientos sobre camellos y poco a poco pude ir devolviendo cada moneda de cobre o plata.”

“De manera que al final pude caminar con la cabeza bien alta y sentir que era un hombre honorable entre los hombres.”

Dabasir se inclinó de nuevo sobre su comida. -¡Eh, Kauskor, caracol! -gritó lo bastante fuerte para que le oyeran en la cocina-, “la comida está fría. Tráeme más carne recién asada.”

Dale también un buen trozo a Tarkad, el hijo de mi viejo amigo, que tiene hambre y que comerá conmigo.

Así se acabó la historia de Dabasir, el tratante de camellos de la antigua Babilonia. Encontró su camino cuando entendió una gran verdad que ya habían descubierto y aplicado hombres sabios desde mucho antes de esa época.

Esta verdad había ayudado a muchos hombres a superar las dificultades y a llegar al éxito, y seguiría haciéndolo a todos los que comprendieran su fuerza mágica.

Cualquiera que lea estas líneas la poseerá.

CUANDO SE ESTA DETERMINADO SE ENCUENTRAN LOS MEDIOS

Las tablillas de barro de Babilonia

St. Swithin’s College
Nottingan University
Newark-on-Trent
Nottingham

21 de octubre de 1934

Sr. Profesor Franklin Caldwell
Expedición Científica Británica
Hillah, Mesopotamia
Querido profesor:

Las cinco tablillas de barro que desenterró durante sus recientes excavaciones en la ruinas de Babilonia han llegado en el mismo barco que su carta. Me han fascinado y he pasado numerosas y agradables horas traduciendo sus inscripciones. Tendría que haber contestado su carta con más celeridad pero he esperado hasta haber completado las transcripciones adjuntas.

Las tablillas han llegado a su destino sin daño gracias al excelente embalaje y al uso juicioso de sistemas de conservación. Quedará tan asombrado de la historia que relatan como nosotros, los del laboratorio.

Uno espera que un pasado tan lejano y oscuro esté lleno de romance y aventura, ya sabe, algo así como Las mil y una noches. Y luego se da cuenta de que los problemas del mundo antiguo, de hace cinco mil años, no son tan diferentes de los de ahora, como se puede constatar con la lectura de estos textos que cuentan las dificultades que encontró para pagar sus deudas un personaje llamado Dabasir.

¿Sabe? Es curioso, pero, como dicen mis estudiantes, estas viejas inscripciones me cogen en fuera de juego.

Como profesor de universidad, se supone que soy una persona que piensa y que tiene conocimientos sobre la mayoría de los temas. Y ahora llega un individuo salido de las polvorientas ruinas de Babilonia que nos da un método del que nunca había oído hablar para pagar las deudas al tiempo que consigues más dinero para tu cartera.

Debo decir que esta es una idea que me gusta, y sería interesante probar si funciona igual de bien en nuestros días que en la antigua Babilonia. Mi mujer y yo proyectamos aplicarla a las cuestiones económicas que, en nuestro caso, necesitan evidentes mejoras.

Le deseo la mejor de las suertes en su valerosa empresa y espero con impaciencia una nueva ocasión de ayudarlo.
Suyo afectísimo

Alfred H. Shrewsbury
Departamento de Arqueología

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