Cómo Pagar Tus Deudas Parte 2

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Estaba de pie, espantado por las cuatro mujeres que me examinaban. Me preguntaba si podría esperar alguna compasión de su parte.

Sira, la primera mujer, era más vieja que las otras y me miraba impasible. Me aparté de ella sin esperar nada de su parte; la siguiente, de una belleza despreciativa, me miraba con tanta indiferencia como si fuera un gusano en la tierra.

Las dos más jóvenes reían como si aquello fuese una broma divertida.
El tiempo que esperé su veredicto me pareció un siglo, cada una parecía dejar la decisión final a las demás.

Finalmente, Sira habló con una voz gélida.

Tenemos muchos eunucos, pero sólo unos pocos guardianes de camellos, y además no sirven para nada, hoy mismo he de ir a ver a mi madre enferma y no tengo ningún esclavo en el que pueda confiar para que se ocupe de mi camello. Pregunta a este esclavo si sabe conducir uno.

Entonces mi amo me preguntó: “¿Qué sabes de camellos?” “Luchando por esconder mi entusiasmo, respondí:

“Sé hacer que se arrodillen, los sé cargar, y los sé conducir durante largos viajes sin cansarse. Y si es necesario, puedo reparar sus arneses.”

“El esclavo sabe bastante, observó mi amo. Si ese es tu deseo, Sira, haz de este hombre tu camellero.”

Así fui dado a Sira y ese mismo día la conduje tras un largo viaje en camello al lado de su madre enferma.

Aproveché la ocasión para agradecerle su intervención y para decirle que no era esclavo de nacimiento sino hijo de un hombre libre, un honorable fabricante de sillas de Babilonia.

También le conté mi historia. Sus comentarios me desconcertaron, y más tarde reflexioné largamente sobre lo que me había dicho.

Como Pagar Tus Deudas: Siempre Hay Alguien Que Te Dirá La Verdad

“¿Cómo puedes llamarte a ti mismo hombre libre, me dijo, cuando tu debilidad te ha llevado a esta situación?”

“Si un hombre tiene alma de esclavo, ¿no se convertirá en uno, sin importar su cuna, del mismo modo que el agua busca su nivel?”

“Y si alguien tiene alma de hombre libre, ¿no se hará respetar y honrar en su ciudad aunque no lo haya acompañado la suerte?”

Durante un año fui esclavo y viví con esclavos, pero no podía convertirme en uno de ellos.

Un día Sira me preguntó:

“¿Por qué te quedas solo en tu tienda por la noche, cuando los otros esclavos se juntan en agradable compañía?”

A ello respondí:

“Pensé en lo que me dijisteis. Me pregunté si tenía alma de esclavo. No puedo unirme a ellos, por eso me mantengo al margen.”

“Yo también me mantengo al margen, me confió. Yo tenía una gran dote, por eso mi señor se casó conmigo.”

” Pero no me desea y lo que toda mujer desea más ardientemente es ser deseada. Por eso, y como soy estéril y no tengo hijos, me he de mantener al margen.”

“Si yo fuera un hombre preferiría la muerte antes de ser esclavo, pero las leyes de nuestra tribu hacen de las mujeres esclavas.”

“¿Qué pensáis de mí ahora, que tengo alma de hombre libre o de esclavo?”, le pregunté repentinamente.

“¿Quieres devolver las deudas que contrajiste en Babilonia?, me preguntó ella.

“Sí que lo quiero, pero no veo cómo podría hacerlo.”, le dije desconsoladamente.

“Si dejas que los años pasen sin preocuparte y sin hacer esfuerzo alguno para devolver ese dinero, entonces times alma de esclavo.”

“No puede ser de otro modo si un hombre no se respeta a sí mismo; nadie se puede respetar si no paga las deudas que ha contraído.”

“¿Pero que puedo hacer si soy esclavo en Siria?”

“Sé esclavo en Siria ya que eres un ser débil.”

“No soy un ser débil”, repliqué.

“Entonces, pruébalo”

“¿Cómo?”

“¿Acaso tu rey no combate a sus enemigos con todas las fuerzas que tiene y de todas las maneras que puede?

“Tus deudas son tus enemigos, te hicieron huir de Babilonia. Dejaste que se acumularan y se hicieron demasiado grandes para ti.”

“Si las hubieras combatido como un hombre, las habrías vencido y hubieras sido una persona honrada por las gentes de tu ciudad.”

“Pero no tuviste valor para hacerlo y mírate: tu orgullo te ha abandonado y has ido de desgracia en desgracia hasta que has llegado a ser esclavo en Siria.”

Pensé mucho en estas desagradables acusaciones y concebí diversas teorías exculpatorias para probarme que en mi fuero interno no era un esclavo, pero no tuve oportunidad de utilizarlas.

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